Por Eduardo Fracchia, Licenciado en Economía (UBA). Director del Area de Economía del IAE Business School de la Universidad Austral

Hay que aguantar la tendencia de los ciudadanos a atesorar dólares como refugio ante la crisis. Es muy difícil proyectar por la volatilidad. Esto se debería ir aclarando a lo largo de la semana con medidas que refuercen cierto grado de previsibilidad. Decimos “cierto”, ya que el cisne negro de la elección hace que la solución requerida no sea técnica, sino política.

En una posición conservadora, lo ideal es adelantar la entrega del poder porque el macrismo tiene poca credibilidad para hacer un programa de transición exitoso (me recuerda cuando Raúl Alfonsín perdió casi todo el 6 de septiembre de 1987, incluida la provincia de Buenos Aires que se la llevó Antonio Cafiero).

Lo ideal es intentarlo buscando que Alberto Fernández defina, al menos en parte, sus líneas de acción con el Fondo Monetario Internacional y el núcleo de su equipo económico. Aquí es clave fortalecer la gobernabilidad.

Por si esto fuera poco, el contexto internacional está complicado por una aceleración de la guerra comercial entre China y Estados Unidos.

El Gobierno no tuvo fuerza política ni convicción propia para encarar las reformas, lo que queda es aguantar la tendencia de los ciudadanos a atesorar dólares que actúan como refugio ante la crisis. Puede vender reservas, usar la venta de futuros, subir la Leliq.

Hay necesidades importantes de financiamiento el año entrante por 20.000 millones de dólares.

La monetización en pesos respecto al PBI es baja en la serie histórica, de 13%; esto supone menor presión sobre el dólar. Esta tarde de lunes, el mercado de futuros se encuentra en 70 pesos. Si se impone la suba del dólar se reedita el ciclo recesivo del año pasado, con inflación, caída de salario real.

La recesión está instalada, la economía no subirá de aquí a fin de año y menos con el resultado electoral. Respecto al gobierno de Alberto Fernández es una incógnita si será una posición pragmática de mercado y diálogo, o un sistema más autoritario discrecional y estatizante propio de la segunda gestión de Cristina Fernández de Kirchner.

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