Foto: Leonardo Zavattaro/Télam/cb
Cultura

Domingo de elecciones, una fiesta cívica

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Este año se cumplen 36 años desde la restitución de la  Democracia en 1983, acontecimiento que culminó con la elección del Dr. Raúl Alfonsín como presidente de la Nación. Los que fuimos testigos y partícipes de lo que se vivió entonces, damos fe de la enorme esperanza y alegría que significó ese hecho histórico para la mayoría de la sociedad argentina. Muchas circunstancias habrían de poner en jaque a la remozada democracia. El camino no ha sido fácil. Me asombra y me preocupa advertir que aún hoy subsisten sectores nostálgicos de un mundo autoritario e injusto.

Sin embargo cuando se hace un paneo desapasionado de esos 36 años surge que el balance ofrece importantes aspectos positivos: por ejemplo el hecho de que haya  millones de ciudadanos que consideren un asunto vital preservar los mecanismos institucionales que le dan estatuto jurídico a ese bien fundamental, que es la Democracia.

Sin embargo vale la pena señalar una vez más, que la democracia no sólo es un sistema político sino y fundamentalmente un modo de ver la realidad, un estilo de vida que debe arraigarse en nuestra cultura. No basta con declamarla, hay que defenderla y mejorarla. Sí, digo mejorarla, porque no es un hecho  estático, definitivamente consolidado sino que es sobre todo un camino, una suerte de horizonte orientador de toda convivencia social.

No es fácil

Lo  cierto es que preservarla y mejorarla no es, ni ha sido sencillo, por eso representa un logro no siempre bien valorado estar transitando un proceso eleccionario. Apoltronados en la vida individual renegamos muchas veces de las circunstancias que nos sacan de cierta modorra. Claro está que los que pueden darse el lujo de ese supuesto confort individualista son cada vez menos.

Es entonces cuando advertimos que lo que defendemos cuando ejercemos nuestros derechos no es algo puramente formal, en esas jornadas están en juego múltiples valores que hacen a nuestra dignidad y a nuestro bienestar, entonces me llegan a la memoria las palabras (no siempre bien entendidas) de Alfonsín diciendo aquello de que con la “Democracia se come, se cura y se educa”, con lo que ponía el acento en que los principios democráticos no son vanas abstracciones, sino que suponen materializar los bienes que sustentan una vida digna.

El largo camino hacia el sufragio universal

Lo derechos de participación política plenos que podríamos definir como “el derecho de elegir y ser elegido en un contexto de libertad” estuvieron en la letra presentes desde el principio de nuestra historia en la medida en que “los fundadores de la  Patria” en su mayoría, se proponían sustituir una sociedad de castas (como efectivamente era la sociedad colonial) por una sociedad de iguales. El propósito salvo excepciones no llegaba a materializarse y  las elecciones cuando las había eran apenas un penoso simulacro como lo pintan por ejemplo escritores como José Hernández o Roberto J. Payró, por citar sólo a dos.

Sin embargo el objetivo originario estaba presente y se concreta en parte, cuando se sanciona la Ley Sáenz Peña de sufragio universal, enorme progreso de calidad institucional, sin embargo, la historia no culmina ahí, esa idea de universalidad dejaba afuera nada menos que, a por lo menos, la mitad de la población, pues excluía a las mujeres.

En relación a eso ha habido cambios fundamentales, como la conquista del voto femenino y la incorporación plena de las mujeres en la vida política. Por otra parte me interesa que  quienes me acompañan en esta suerte de racconto recuerden un hecho que no es en absoluto anecdótico, me refiero a la historia de una extraordinaria mujer, la Dra. Julieta Lanteri (ver aparte). Porque su historia muestra como todo progreso en esta materia no ha sido fruto de la casualidad, sino resultado de la acción  permanente de diferentes protagonistas.

La Democracia, no está exenta de duros, durísimos peligros: los llamados golpes de estado, y los gobiernos nacidos de elecciones fraudulentas han sido un mal que ha aquejado a nuestro país y a otras naciones hermanas, por eso no debemos pecar de ingenuos en esta materia, estar alertas y como mínimo emitir nuestro voto. Pero claro ahí no se acaban las posibles formas de participación, hay infinidad de opciones que  ofrece una sociedad vital como la nuestra.

Un estado de derecho

Creo que no está de más recordar algunas cuestiones importantes relacionadas con el gran tema que hoy nos  ocupa. En primer lugar que la Democracia sólo puede concebirse como un Estado de Derecho, por eso cualquier violación en esta materia debe encender luces de alarma. En segundo lugar que el que otorga el poder es el pueblo, y no existe ninguna otra entidad que pueda atribuirse ningún privilegio al respecto. El ganar una elección no puede dar derechos especiales a ningún ciudadano o grupo de ciudadanos ya que todos absolutamente todos debemos someternos a la ley (cosa que no siempre resulta clara al parecer). En tercer lugar, ganar o perder son circunstancias previsibles en una elección por lo que es de buen ciudadano saber ganar y perder.

Tal vez estas reflexiones resulten un tanto extemporáneas para algunos, pero ciertos dichos y ciertos hechos, observados en estos días (llevados por la pasión quizás) no dejan de preocuparnos.

Por todo eso y porque apostamos absolutamente a la Democracia, iremos a votar, yo, tempranito, una vez más, y son… no sé cuántas. Siento que es un día excepcional, una verdadera fiesta cívica.

Elsa Robín

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