Un calendario un tanto arbitrario, tal vez, pero que vale, hoy nos propone reflexionar y hablar acerca de la niñez. Tema sobre el que mucho puede decirse, sin duda, pues no escapa como tantos otros a la distorsión creada a veces por la idealización, y otras por la mala fe. El tema de los niños exigiría un tratamiento extenso y profundo en muchos de sus aspectos, por ejemplo, por nombrar sólo algunos, la pobreza, el hambre, el trabajo infantil. Precisamente por la seriedad que merecen esas cuestiones no las trataremos en esta oportunidad, pero sí nos ocuparemos de algo que está presente en todo ser humano, esto es , de la imagen que de esa época de nuestra vida nos hacemos los adultos.

Parece ser una regla general que los adultos añoremos nuestra niñez, aun cuando  haya transcurrido en las mayores estrecheces. Se nos aparece esa etapa de nuestra vida pintada con los más vivos colores. Es probable que intervenga en esa imagen cierto efecto idealizador producto de la distancia y de su carácter de irrecuperable.

Sin embargo podemos conjeturar que una etapa vivida al margen de las convenciones, de los prejuicios y de los afanes de una sociedad regida por el más duro pragmatismo sea recordada nostálgicamente por nosotros, entre otras cosas por el libre y despreocupado empleo que hacíamos de nuestro tiempo, por los amigos, por esa mezcla inolvidable de realidad y fantasía con la que construíamos juegos y proyectos. Hay un estado espiritual que relaciono con la niñez y que algunos adultos conservan por raro privilegio. Me refiero a algo que podríamos describir como una especial  capacidad de soñar, de atrevimiento espiritual, y desprejuicio y que podría resumirse como un estado de libertad interior y entrega intensa a las solicitaciones del  momento. Virtudes estas que suelen estar presentes en los creadores.

Esa remanencia de ciertos rasgos de la infancia suelen estar presentes en todos los creadores, cualquiera sea la temática de la que se ocupen, pero seguramente tiene mucho peso en quienes hacen ‘literatura infantil’.

Este espacio está dedicado como bien lo saben nuestros lectores a diferentes intereses  culturales y en particular al mundo de la escritura, por eso hoy hemos elegido a dos escritores argentinos que han dedicado gran parte de su obra a los niños: me refiero a Javier Villafañe y a María Elena Walsh para ofrecer alguno de su textos a nuestros lectores: niños o adultos, para que los disfruten.

 

Vuelta al mundo

 

Una vez un chico que se llamaba Santiago salió de su casa en un triciclo para dar la vuelta alrededor del mundo Iba pedaleando por la vereda y en el camino se encontró con un perro y un gato y le preguntaron:

-¿A dónde vas, Santiago?

Y  Santiago respondió:

– Voy a dar la vuelta alrededor del mundo.

-¿Podemos ir los tres?

-Sí, vengan.

Y el perro y el gato se pusieron detrás del triciclo.

Santiago siguió pedaleando y se encontró con un gallo, un conejo y un caracol y le preguntaron:

¿A dónde vas, Santiago?

Y Santiago respondió:

– Estoy dando la vuelta alrededor del mundo.

-¿Podemos ir los tres?

-Si, vengan.

Y el gallo, el conejo y el caracol se pusieron detrás del perro y el gato que iban detrás del triciclo.

Santiago pedaleaba y el triciclo iba a toda velocidad .En el camino se encontró  con una hormiga, una vaca, un grillo y una paloma y le preguntaron:

-¿A dónde vas, Santiago?

Y Santiago respondió:

– Estoy dando  la vuelta alrededor del mundo.

-¿Podemos ir los cuatro?

-Si, vengan.

Y  la hormiga, la vaca, el grillo y la paloma se pusieron detrás del gallo, el conejo y el caracol que iban detrás del  perro y  el gato.

Santiago pedaleaba y el triciclo iba a toda velocidad. En una curva se encontró con un camello, una tortuga, un caballo, un elefante y un pingüino y le preguntaron:

-¿a dónde vas Santiago?

Y Santiago respondió

-Estoy dando la vuelta alrededor del mundo.

-¿Podemos ir los cinco?

– Sí, vengan.

Y el camello, la tortuga, el caballo, el elefante y el pingüino se pusieron detrás de la hormiga, la vaca, el grillo ,la paloma, el gallo, el conejo y el caracol que iban detrás del  perro y el gato.

Santiago siguió pedaleando y de pronto frenó el triciclo. Se detuvo para ver un charco que había hecho la lluvia y dijo:

-Es un río que está buscando barcos.

Y el perro, el gato, el gallo, el conejo, el caracol, la hormiga, la vaca, el grillo, la paloma, el camello. La tortuga, el caballo, el elefante y el pingüino se detuvieron y miraron el río que había hecho la lluvia.

Santiago puso el triciclo en marcha y se encontró con una jirafa, un loro, un cordero, un león, un mono y una cigüeña y le preguntaron:

-¿A dónde vas, Santiago?

Y Santiago respondió:

– Estoy dando la vuelta alrededor del mundo.

-¿Podemos ir los seis?

-Sí, vengan.

Y la jirafa ,el loro, el cordero, el león, el mono y la cigüeña se pusieron detrás del  camello, la tortuga, el caballo,  el elefante, el pingüino, la hormiga, la vaca, el grillo, la paloma, el gallo, el conejo, el caracol que iban detrás del perro y el gato.

Santiago siguió pedaleando y frenó el triciclo para ver un molino. Todos miraron el molino.

– Está quieto –dijo el caballo-. No mueve las aspas.

-No mueve las aspas porque no hay viento- dijo el gallo.

-Es inútil- se lamentó la hormiga- .Por más que me ponga en puntas de pie jamás podré ver un molino. Está muy alto.

Y la jirafa le dijo a  la hormiga

-Lo verás subiéndote sobre mi cabeza.

La jirafa inclinó el cuello. Y apoyó la cabeza a un lado del triciclo. La hormiga avanzó unos pasos. Y subió por la frente de la jirafa Entonces la jirafa  levantó el cuello y desde lo alto exclamó la hormiga:

-¡Qué hermoso es un molino!

Nunca había visto un molino.

La jirafa encogió el cuello, bajó la cabeza  a ras del suelo y la hormiga volvió a pisar la tierra. Y cuando la hormiga se puso en fila, detrás de la vaca, Santiago siguió pedaleando y al llegar a la puerta de su casa  frenó el triciclo y dijo:

-Hemos dado la vuelta alrededor del mundo.

Y allí se despidieron. Unos se fueron caminando; otros, volando.

Santiago entró en su casa

Había dado la vuelta alrededor de la manzana.

 

Este cuento fue extraído de ¿Sólo los chicos? Cuentos argentinos de todos los tiempos, Ediciones Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos C.L Colección DESDE LA GENTE.

 

 

 

Javier Villafañe (1909-1996): Poeta, narrador, titiritero. Recorrió el país y el mundo con su carreta La Andariega, “especie de teatro ambulante con el que llegaba a las plazas y lugares públicos para ofrecer a los niños sus espectáculos”. Su particular mirada del mundo y de la vida, plena de libertad y particularmente poética le conquistó infinidad de lectores y seguidores que vieron en él un creador excepcionalmente dotado para el difícil arte de la literatura infantil.

Escribió mucho a lo largo de su extensa vida. Entre muchas otras obras recordamos: Títeres de la Andariega (1936), Una ronda, un cuento y un acto para títeres (1938), Coplas, poemas y canciones (1938), Teatro de títeres  (1943), El gallo pinto, canciones ilustradas por niños argentinos (1944), La maleta (1957), Historias de pájaros (1957).

 

En una cajita de fósforos

 

En una cajita de fósforos

se pueden guardar muchas cosas.

Un rayo de sol, por ejemplo.

(Pero hay que encerrarlo muy rápido,

si no se lo come la sombra.)

Un poco de copo de nieve,

quizá una moneda de luna,

botones del traje del viento

y mucho, muchísimo más.

 

Les voy a contar un secreto.

En una cajita de fósforos

Yo tengo guardada una lágrima

Y  nadie, por suerte, la ve.

Es claro que ya no me sirve,

es cierto que está muy gastada.

Lo sé, pero qué voy a hacer,

tirarla me da mucha lástima.

 

tal vez las personas mayores

no entiendan jamás de tesoros.

“Basura” dirán, “Cachivaches”,

“No sé por qué juntan todo esto”.

no importa, que ustedes y yo

igual seguiremos guardando

palitos pelusas, botones,

tachuelas, virutas de lápiz,

carozos, tapitas, papeles,

piolín, carreteles, trapitos,

hilachas, cascotes y bichos.

 

En una cajita de fósforos

se pueden guardar muchas cosas.

Las cosas no tienen mamá

 

De “El reino del revés” (1964)

 

 

 

 

Walsh, María Elena: nació en la localidad bonaerense de Ramos Mejía el 1 de febrero de 1930. Desde muy joven comenzó su labor poética, cuando tenía 17 años su  poemario “Otoño imperdonable” obtuvo el segundo Premio  Municipal de poesía. En 1948 viajó a Estados  Unidos invitada por el poeta Juan Ramón Jiménez que había hecho una crítica elogiosa de su poesía. En 1952 forma un dúo con Leda Valladares: “Leda y María” dedicado a la interpretación de canciones folclóricas del mundo hispánico. En esos años empezó a escribir poemas y canciones para niños, actividad  en la que ha resultado ser la iniciadora de una manera distinta de hacer literatura infantil, a tal punto que ha influido decisivamente en los creadores posteriores del género. Además de poesías y canciones ha escrito cuentos para niños, libros de memorias, guiones televisivos y cinematográficos, artículos periodísticos, poemas y canciones para adultos. Su talento la llevó a expresarse no sólo en la escritura, sino también como intérprete de sus creaciones. Es importante destacar que María Elena Walsh ha demostrado coraje y lucidez pronunciándose en épocas difíciles en defensa  de la democracia y los derechos humanos.

En el rico repertorio de sus canciones para niños recordamos entre muchas otras: Manuelita, la tortuga; El rock del Mono liso, La Reina Batata, El país de no me acuerdo,  El Reino del Revés, Canción de tomar el té, Canción de bañar la Luna y tantas otras. Pero no sólo los niños recibieron el regalo de sus canciones también al mundo adulto y sus preocupaciones le han dedicado sus canciones, tales como La cigarra, Réquiem de madre, y Orquesta de señoritas, por nombrar sólo a tres.

Entre sus obras publicadas podemos citar entre muchas otras Otoño imperdonable (1947), Apenas viaje (1948), Baladas con ángel (1951) Tutú Marambá (1961), El Reino del Revés (1964), Hecho a mano (1965), Dailan Kifki (1965), Cancionero contra el mal de ojo (1976).

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