Aníbal Colapinto volvió a las pistas a los 63 años y giró en General Belgrano tras dos décadas
El padre de Franco Colapinto sorprendió al subirse nuevamente a un auto de competición y probar en el circuito de tierra de General Belgrano, como preparación para su participación en una carrera de invitados del TC Bonaerense.
El automovilismo volvió a reunir a la familia Colapinto en una escena tan inesperada como emotiva. A los 63 años y luego de dos décadas alejado de las pistas, Aníbal Colapinto regresó a la actividad al subirse nuevamente a un auto de competición y girar en el circuito de tierra de General Belgrano, en la previa de lo que será su participación en una carrera de invitados del TC Bonaerense.
El padre de Franco Colapinto -quien viene de destacarse este fin de semana con un nuevo top ten en el Gran Premio de Barcelona de Fórmula 1- sorprendió con su retorno al manejar una cupé de Clase A, perteneciente a una de las categorías zonales más populares de la provincia de Buenos Aires. La prueba tuvo como objetivo comenzar a tomar ritmo de cara a su regreso oficial a la competencia.
Nacido en Bahía Blanca, Aníbal construyó su vínculo con el deporte motor desde muy joven. Sus primeros pasos fueron en el Speedway, sobre dos ruedas, y con el tiempo fue forjando su camino en distintas categorías zonales. A los 15 años se trasladó a Guatraché para estudiar como Técnico Agrónomo, aunque nunca se alejó de su pasión por los fierros, trabajando en talleres de chapa y pintura.
Su recorrido en el automovilismo lo llevó a competir en el Turismo Nacional durante la década del '90, donde manejó un Volkswagen Gacel con el número 43. Ese mismo número, cargado de historia familiar, es el que hoy utiliza su hijo Franco en la Fórmula 1, manteniendo un legado que atraviesa generaciones.
El regreso de Aníbal a las pistas se concretará en los próximos meses, cuando sea parte de la carrera de invitados del TC Bonaerense tras la convocatoria de Hernán Margiolakis. Para llegar en condiciones, el piloto ya comenzó con las prácticas y, en este primer ensayo, completó varias vueltas en el trazado de General Belgrano.
Un detalle no menor marcó el costado más emotivo de la jornada: Aníbal utilizó el mismo casco con el que Franco corría en karting en sus inicios, en un gesto que simboliza el vínculo entre padre e hijo y la pasión compartida por el automovilismo.
Así, mientras Franco continúa consolidándose en la élite del automovilismo mundial, su padre vuelve a las pistas para reavivar una historia que, lejos de apagarse, sigue acelerando con el paso del tiempo.

