Silvia Kuhn sumó otra obra al paisaje pilarense
El mosaico está creado en el cruce de Fermín Gamboa y San Martín. Según relata la artista, la intervención retrata a una niña, en este caso su hija, pintando la continuación de un paisaje ya realizado anteriormente.
Durante el último fin de semana, una de las esquinas más reconocibles de Pilar volvió a transformarse a través del mosaico. Bajo la dirección de Silvia Kuhn, artista local con una extensa trayectoria en este lenguaje visual, el muro ubicado frente a su taller sumó una nueva silueta que dialoga con las obras preexistentes y amplía el relato artístico que desde hace tiempo se viene construyendo en ese punto del barrio.
La intervención no fue un hecho aislado, sino parte de un proceso creativo sostenido. En diálogo con Resumen, la artista explicó el sentido de esta nueva figura y su vínculo con las obras anteriores: "sobre San Martín ya hay una silueta igual a esta, que es la de una nena, la cual me representa a mí, que está pintando un mundo un poco negro y después se transforma en uno de mariposas, colores y brillos".
Y agregó: "en este caso, la que pusimos sobre Gamboa, está inspirada sobre esa misma, pero es mi hija que pinta agua y se une al mural que termina en agua que ya tenemos dentro del marco sobre esa misma pared. El agua es abundancia, limpieza, transparencia, salud, así que se trató de unificar todos los diseños que ya vienen estando dentro del concepto de lo que se viene trabajando en las diferentes intervenciones que se fueron haciendo".
La obra se realizó en el marco de un seminario intensivo de mural en mosaico que reunió a alumnas de distintos puntos de la provincia de Buenos Aires. A lo largo de la jornada, el espacio se transformó en un ámbito de aprendizaje colectivo, donde la práctica artística se combinó con el intercambio de experiencias y la construcción de un proyecto común que quedó plasmado en el espacio público.
Más allá del resultado visual, la propuesta volvió a poner en valor una forma de trabajo que caracteriza a Kuhn: enseñar desde la acción, compartir el oficio y sacar el arte del ámbito privado para integrarlo a la vida urbana. La esquina, intervenida en reiteradas oportunidades, se convirtió así en un punto de referencia donde el mosaico no solo embellece, sino que también cuenta historias y genera pertenencia.
Con cada nueva obra, Silvia Kuhn reafirma su compromiso con la difusión del mosaico como práctica artística y pedagógica. La intervención reciente no solo suma color y textura al barrio, sino que fortalece la identidad cultural de Pilar, demostrando que el arte, cuando se construye de manera colectiva, tiene la capacidad de transformar el entorno y crear vínculos duraderos con la comunidad.

