Por auguzama

Demás estaría hablar de la figura de quien fuera presidente de los argentinos que acaba de dejar este mundo, el Dr. Fernando De la Rúa. Sobre su trayectoria política todos se han ocupado, destacando sus virtudes, sus aciertos y sus errores.

Hoy en esta columna queremos hablar del De la Rúa pilarense, del amigo, vecino y correligionario que nos brindó su confianza, su consejo certero y, en su momento, su aporte efectivo en momentos de campaña.

Allá por el año 1983, en oportunidad de cumplir el semanario El Imparcial de Escobar, bajo nuestra dirección, diez años de su fundación, siendo invitado en forma personal por quien escribe y firma esta nota, el Dr. De la Rúa siendo candidato a senador nacional por segunda vez, se hizo presente en el acto, compartiendo la celebración junto a escobarenses, familiares y allegados al medio, poniendo de manifiesto su amistad y su confianza.

Años más tarde, cuando comienza su campaña para la presidencia, en varias oportunidades lo acompañamos en sus recorridas y en el año 2003, vino la “contrapartida”. En plena incursión en política representando al partido que me vio crecer y mamé desde muy chico, siendo candidato a intendente de Pilar, tras acordar un plan de campaña publicitaria que para nosotros era más que inalcanzable, al consultar sobre el tema al Dr. De la Rúa el mismo día en que nos reunimos con mi amigo y candidato a concejal Daniel Santalíz, con el publicista, merced a una invitación del ex presidente, nos reunimos con él en su casa y, en su cocina, compartimos una cena más que informal donde su empleada nos sirvió unos apetitosos bifes a la plancha con ensalada y de postre, el clásico “vigilante”: dulce de membrillo y queso fresco.

Con la sencillez que lo caracterizaba y virtud de ser “amigo de los amigos”, dialogamos de igual a igual con ese hombre que, con aciertos y errores, había sido tres veces senador nacional, Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y primer mandatario de nuestra querida república.

A la hora del “mangazo” para que nos ayudara en la “patriada”, allí  estuvo con el consejo oportuno y el aporte necesario y, en el momento de las confesiones, habló con nosotros y ante la pregunta de “¿Qué pasó Fernando?”, en relación a su renuncia a la Presidencia, su contestación fue contundente: “el partido me dejó sólo, no me acompañó. Quienes en su momento me felicitaron por la designación de algunos, cuando me tuvieron que respaldar no lo hicieron…”.

Tras esto, los saludos consabidos y los deseos de suerte, nos retiramos para seguir trabajando. Como acotación podemos recordar nuestra satisfacción por la labor cumplida, en un momento en que el partido estaba más que alicaído. Prueba de esto fue que en las desdobladas elecciones nacionales, nuestro por entonces correligionario Leopoldo Moreau sumó en Pilar tan sólo 280 votos, frente a los alrededor de 3000 que obtuvo en las municipales, nuestra lista 3.

Más tarde el ex mandatario, en varias oportunidades nos visitó en nuestra redacción, accediendo a las preguntas de nuestros periodistas y conversando en forma personal con nosotros. No puedo dejar de recordar en una oportunidad cuando le requerí si podíamos hacerle un reportaje, me contestó en forma más que contundente: “Augusto, si vamos a hablar de Pilar, como vecino, no hay ningún problema, pero si la pretensión es hablar de actualidad política, me disculpo, pues cada vez que hablo, tengo un juicio nuevo…”, refiriéndose a la persecución judicial que tuvo durante el gobierno de Cristina Fernández, o aquella visita en que el Dr. De la Rúa en la ronda de café, prefirió beber apenas “una taza de agua caliente”, cosa que despertó la intriga de los periodistas.

Concluyendo, con la partida de Fernando De la Rúa, en lo personal perdimos un amigo, alguien que cuando lo necesitamos, se jugó y estuvo más que presente y, como hombre público, se fue uno de los últimos grandes demócratas de la política argentina, que priorizó el reclamo de su pueblo sobre su ambición personal de cumplir su mandato. Lo recordaremos con mucho afecto, sin duda.

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