Foto: Florencia Sobrero
Opinión

Cuando el “Día de los Muertos” era toda una celebración

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Por auguzama

Transitando por las calles de nuestro otrora pueblo, hoy con aspiraciones de gran ciudad, cruzamos por la calle San Martín y la esquina de Lorenzo López, donde desde siempre estuvo la Farmacia El Globo, del recordado Gregorio, y luego Juan Ferra y su familia, haciendo ochava dos edificaciones antiguas que una de ellas, a principios de los años 70 se tiró abajo y se levantó el amplio local de la firma Radiotrón BBC, dedicada a la venta de artículos del hogar y muebles, donde hice mis primeros y únicos pasos como trabajador dependiente, en el sector ventas allá por 1974, nos pusimos a recordar viejos tiempos, dirigiendo la mirada precisamente hacia lo que es “Lorenzo López al fondo”, o sea el cementerio de Pilar y vinieron a la mente viejas épocas y costumbres prácticamente ya olvidadas.

Precisamente el recuerdo nos vino el 1° de noviembre, Día de Todos los Santos, vísperas del Día de los Muertos y nos pareció ver el conglomerado de personas que transitaban esas cinco o seis cuadras dirigiéndose hacia la necrópolis. Agudizando la vista y la memoria, vimos a la gente que hacía cola en la puerta de la entonces Florería “Los Claveles”, propiedad de la familia Parodi, tras lo cual salían orgullosos rumbo al cementerio, para llevar la ofrenda floral a sus seres queridos.

Pero apenas a metros de la florería, me pareció ver a un vecino muy querido y recordado de nuestro pueblo, Don Tito Hermiaga junto a su señora esposa, Doña Tita que entre paréntesis sigue firme cumpliendo juveniles años muy agasajada por sus hijas, yerno y nietos, parados en la puerta de su casa saludando a cuanto parroquiano pasaba por allí, no faltando los recuerdos de algún viejo vecino que ya no estaba entre nosotros y sus familiares le llevaban las consabidas flores en su homenaje.

También la parada obligada a veces era en la esquina de 11 de Septiembre donde alguno de los Berute, propietarios de la fábrica de pantalones “Berutex”, si estaban en la puerta, se ponían a charlar con algún vecino que era parte de esa circunstancial procesión, como así también más adelante con los Badano o los Cataldo que vivían sobre esa misma calle.

Era esta una costumbre que por supuesto le venía de maravillas tanto a los Parodi de Los Claveles, como a la tradicional florería que estaba en la calle Independencia, la Norly, propiedad de Norma Tito y Néstor Decima, quienes también con toda dedicación preparaban los ramos que sus clientes les encargaban para la celebración.

El peregrinar de pilarenses y otros foráneos que visitaban las tumbas de sus difuntos sepultados en Pilar, era interminable. Recuerdo haber estado en la puerta de los Hermiaga con mi compañerita de la primaria, la hoy toda una señora, Liliana, conversando y viendo pasar la caravana de gente que se dirigía al cementerio.

Viejas costumbres de pueblo, hoy prácticamente olvidadas. Sanas prácticas de honrar a los muertos que van desapareciendo al menos en los que son medianas o grandes ciudades, mientras que en los pueblos del interior, fundamentalmente en las provincias del norte y noroeste argentino, se siguen practicando, honrando a los difuntos con ofrendas de papeles y telas de colores junto a enormes ramos de flores.

Según el amigo moderno “José Google”, para quienes nos modernizamos a la fuerza y a empujones, “el Día de Muertos tiene su origen en la época prehispánica. Las culturas antiguas como los aztecas, los mayas y los toltecas ya lo celebraban, pero la fecha era entre julio y agosto, y la celebración duraba todo un mes. Con la llegada de los españoles, la colonización y la imposición del cristianismo, la fecha se recorrió a principios de noviembre para que coincidiera con el día de Todos los Santos, que era la celebración que los españoles le hacían a sus difuntos. Es así que en América Latina se celebra el 2 de noviembre”.

“Halloween, en cambio,  también conocido como Noche de brujas o Noche de Víspera de Todos los Muertos es una celebración pagana resultado de una festividad celta llamada “Samhain”, que marcaba el final de la temporada de cosecha y el inicio del invierno. Se creía que durante esa noche se abrían las puertas del “otro mundo” y las almas de los muertos podían pasar al mundo de los vivos. Se cree que los espíritus regresan en forma maligna y su propósito es asustar a los vivos. Es por esto que las personas decoran sus casas y se ponen disfraces que provoquen miedo, con el objetivo de alejar a las ánimas. Los colores más usados son morado, negro y naranja. Otra característica es que los niños acostumbran pedir dulces con la frase típica: “Dulce o Truco”.

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