Por Gustavo Giacomo, economista

Autor del programa de Economía Digital Aplicada

“¿Es un pájaro?… ¿es un avión?… ¡No, es Superman!”. El año próximo se cumplirán 80 años de la aparición del primer número de la historieta de este famoso superhéroe, el primero de una larga colección de personajes con poderes especiales. ¿Y qué pensar del Bitcoin, que acaba de pasar la barrera de los 18.000 dólares, por más que inmediatamente después se haya desplomado un 20% de su valor? ¿Es una súper moneda? ¿Es un riesgo para el sistema financiero? Los principales Bancos Centrales del mundo no se ponen de acuerdo frente a la novedad monetaria más importante de los últimos tiempos.

Si se mide en términos de la historia financiera mundial, el Bitcoin es un verdadero infante, que recién está por cumplir sus ocho años de vida. Pero en qué tan poco tiempo logró cambiar completamente la percepción de los mercados mundiales sobre lo que puede ser a futuro (y el potencial) de las monedas descentralizadas. Es decir, fuera de la órbita de los bancos centrales del mundo.

Sin consenso

Los primeros interesados en entender qué clase de “nuevo ser financiero” es el Bitcoin son los bancos centrales, poseedores del monopolio de la emisión monetaria en todo el mundo. Porque en definitiva, esta moneda virtual podría poner patas para arriba a parte de la teoría financiera como se la conoció hasta ahora.

Si el Bitcoin no fuera una burbuja especulativa que pasara a la historia como la célebre de los tulipanes en Holanda del siglo XVII, ¿Para qué serían necesarios los bancos centrales? El tema es que todavía no se sabe muy bien cuál es la verdadera fortaleza de la criptomoneda en el largo plazo. Al día de hoy, su peso a nivel mundial es enorme: su volumen negociado se acerca a los 170.000 millones de dólares, lo que la convierte en la 30ª moneda por capitalización. Pero mirando hacia adelante, las autoridades monetarias no se ponen de acuerdo respecto de lo que puede llegar a suceder.

Entre los principales bancos centrales, el más entusiasta con la llegada de la moneda virtual es el de Inglaterra, que considera al Bitcoin como “una revolución en potencia”. Es tal el entusiasmo de Mark Carney, el Gobernador de la máxima entidad monetaria del Reino Unido, que el año pasado lanzó una incubadora de Start-ups sobre el Blockchain, que es la tecnología que brinda la seguridad para el funcionamiento del Bitcoin. Las autoridades del Banco de Inglaterra evalúan muy seriamente el recorrido de esta divisa descentralizada. Desde el organismo también se mira la posibilidad de utilizar la tecnología que le da vida para lanzar a su vez una versión virtual de la libra esterlina. Por ahora, este proyecto está en fase de estudio, sin ninguna fecha de lanzamiento prevista.

Esto significa que ya no se ve al Bitcoin como una simple burbuja especulativa, o un sistema piramidal al estilo ponzi, como varios analistas aventuraron en 2009, cuando se lanzó la criptomoneda. Puede ser que en su futuro termine perdiendo peso relativo a nivel mundial por el estallido de una burbuja, pero eso no significa que los bancos centrales ya no lo miren con más respeto.

Este es el caso del Bank of Japan, probablemente la entidad más activa en investigar a fondo las implicancias de la moneda virtual. Su Gobernador, Haruhico Kuroda, se refirió a lo importante que era que el Banco de Japón profundizara la investigación sobre el tema, por más que fuera demasiado pronto para pensar en una criptomoneda japonesa. “La emisión de divisas virtuales destinadas a los particulares equivaldría a abrir el acceso de los bancos centrales a todo el mundo. Este tema, requiere que primero revisemos el rol y las prerrogativas de una banco central”.

Por el lado de la Reserva Federal, su flamante presidente Jerome Powell (designado por Donald Trump) ya dio su opinión al respecto, poniendo en foco que es importante evaluar “la gestión de los riesgos que implica el Bitcoin, así como las cuestiones que plantea en materia de gobernanza (de la Fed)”. El funcionario brindó su opinión en una audiencia ante el Senado estadounidense, explicando también que el tamaño de la capitalización global de todas las criptomonedas del mundo (u$s 300.000 millones) no era “suficientemente grande” para influir en la política del organismo. Además, la Fed también evalúa la alternativa de lanzar su propia competencia a la Bitcoin, según Powel.

Mientras tanto, el único organismo que todavía no acepta considerar al Bitcoin como una moneda totalmente dicha es el Banco Central Europeo (BCE) que, en la voz de su presidente Mario Draghi, aclaro además que “no representa una amenaza para el monopolio” de los bancos centrales, únicos autorizados a emitir dinero. Incluso el vicepresidente del BCE, Víctor Constancio, recordó que el Bitcoin “es una activo muy particular, por definición especulativo”, una particularidad que confirma que los bancos centrales siguen tratando de descubrir qué clase de bicho financiero es el Bitcoin, y el cuál puede llegar a ser la Kryptonita de está súper moneda virtual.

En cuanto a nuestro país, a pesar de contar con un ecosistema de Bitcoin fuerte, aún no ha elaborado leyes sobre la criptomoneda, aunque el BCRA ha emitido advertencias oficiales sobre los riesgos que pueden llegar a causar. De todas maneras, la autoridad monetaria local está abierta a las nuevas tecnologías y sostienen desde sus filas que prefieren esperar a que el mercado se desarrolle antes de pensar algún tipo de regulación.

Los Bancos Centrales temen a las criptomonedas

Actualmente vivimos sobre el patrón Fiat que es un término para describir aquellas monedas convencionales que son emitidas por los bancos centrales. La moneda oficial tiene valor por la simple razón que los gobiernos dicen que tiene valor, pero esa promesa poco a poco va generando mayores dudas, pues no están respaldas por activos tangibles como pudiera ser el oro o la plata.

La moneda Fiat está respaldad por la fe y el crédito del gobierno que emite la moneda a través de la autoridad monetaria. Los bancos centrales emiten y destruyen dinero de la nada, lo que se denomina como política monetaria para ejercer una determinada influencia económica.

Hay un aspecto básico en el papel de la moneda Fiat y es el control, una mayor facilidad para seguir el movimiento de esta divisa, examinar quien es el beneficiario de cada movimiento, recaudar impuestos y también, rastrear cualquier tipo de actividad criminal. Todo esto pierde cuando emergen monedas “no gubernamentales”.

En los últimos años ha habido una política monetaria ultra laza. Los usuarios de Bitcoin no necesitan el actual sistema bancario debido a que la moneda se crea cuando los denominados “mineros” utilizan su tiempo para resolver complejos algoritmos que sirven de verificación para ampliar las transacciones de Bitcoin.

Ante esta nueva realidad, los bancos centrales buscarían defenderse acaparando en sus balances grandes cantidades de criptomonedas, como el Bitcoin, con el fin de someterlas bajo el control férreo por el temor de que algún día puedan debilitar el propio control de la oferta monetaria de cualquier economía.

Los diferentes agentes económicos que intervienen en la actividad, por ahora, no está muy expuestos a las monedas virtuales. No obstante, si se incrementa sustancialmente en el futuro, podría afectar el control de los bancos centrales sobre el suministro de dinero. Sin embargo, hay que decir que hasta la fecha este riesgo es limitado.

En la actualidad existe una alternativa en el europarlamento en el que se persigue fijar una acción en materia de ciberseguridad y entre las múltiples propuestas, una de ellas es la creación de un Euro virtual.

En realidad, el dinero con base digital ya existe y es que los bancos comerciales y algunos otros tipos de instituciones tienen derechos digitales sobre los Bancos Centrales en forma de depósitos. No obstante, ha habido una discusión más reciente sobre si los Bancos Centrales deben proporcionar dinero de base digital a una gama más amplia de contrapartes, permitiendo que no solo los bancos sino los hogares tengan cuenta en los Bancos Centrales.

Este movimiento se debe a que cada vez los pagos electrónicos se vuelven más populares. Existen diversos métodos de pago electrónico proporcionados por la industria financiera como tarjetas de crédito, de débito y prepago. Sin embargo, estos métodos se basan en el dinero del banco comercial y la gente puede preferir mantener reclamos en el banco contra el Banco Central para evitar el riesgo de quiebra de un banco comercial como recientemente hemos visto con el Banco Popular de España.

También nos encontramos con ventajas tecnológicas que pueden impulsar el dinero de base digital como pudiera ser en un futuro un Euro digitalizado que sea más fácil y mucho menos costoso de lo que pudiera ser hace 10 años, gracias a tecnologías como Distributed Ledger Technology, una variante por la que se utiliza el Bitcoin. Ahora existe una discusión sobre la mesa para investigar si la Eurozona podría desarrollar un Euro digitalizado y parecerse a algunos países europeos como pueden ser Suecia o Dinamarca, cuyos pagos electrónicos han desplazado el uso de efectivo. Aunque lo cierto es que hoy por hoy, no existe una tendencia a la baja del efectivo que diera pie al uso de un euro virtual.

¿Y si los Bancos Centrales acumularan Bitcoin?

El Bitcoin fue la primera red descentralizada de pago entre particulares que ha sido impulsada a través de los usuarios y lo más importante aún, sin la presencia de una autoridad monetaria central. Esa carencia de una autoridad central es la principal razón por la que los gobiernos temen la evolución de las criptomonedas.

Desde los Bancos Centrales se ha estudiado la posibilidad de integrar Bitcoins y otras criptodivisas en el balance por las dudas de lo que puedan generar este tipo de activos en el sistema financiero global. Este planteamiento sería una realidad si el valor agregado en el mercado de Bitcoin superara los 500.000 mil millones de dólares, una cifra que queda lejos de la actual: 42.000 mil millones de dólares.

La cifra objetivo tardará en ser alcanzada. La tasa de crecimiento del Bitcoin se ha reducido más de la mitad en el último año, desde el 9,3% hasta el 4,4%. Con la disminución de la minería, el Bitcoin no alcanzará su número máximo teórico de unidades hasta el 2045 o más tarde.

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