Por Guillermo Pellegrini

Maestro Normal y Lic. en Ciencia Política, socio de Rotary Pilar

 

El temor, la incertidumbre, la sensación de vulnerabilidad, son las facetas de la transformación social que padecemos en la actualidad. Más que una época de cambios afrontamos un cambio de época, como viene ocurriendo desde la sociedad industrial a la etapa de sociedad postindustrial con sus fuertes alteraciones. El poder económico se ha globalizado mientras que muchas instituciones políticas, culturales y educativas siguen encadenadas a la tierra y a la historia. De este entorno versátil complejo, surgen distintas formas de comunicación que guían a la sociedad en permanente mutación. Estas formas reflejan los cambios de la misma, sus conflictos, avances, retrocesos y su historia contemporánea. La persona expectante, absorta de las trasformaciones sociales tiene libertad de discernir y cuestionar los procesos de cambio, las crisis y sus secuelas, preocupaciones y oportunidades que muestran las transformaciones en la sociedad y en el mundo globalizado.

El cambio social es la variación de las estructuras de la sociedad conformada por valores éticos, culturales, normas, símbolos; a causa de las fuerzas internas y externas que afectan la forma de vivir, con inestabilidad, fenómenos de intolerancia, polarización de la población, crisis en la familia, áreas desorganizadas y migraciones.

Cambio cultural, tecnológico, climático, desigualdad social, pobreza y violencia nos afectan todos los días llevándonos a añorar aquel orden social establecido, dominante del siglo pasado, las familias bien constituidas, sus roles, el lugar asignado para los niños, los adolescentes, los mayores, los abuelos protegidos en su mecedora, como su descanso de la tarde, bucólico natural debajo de una higuera. “Hoy es lo mismo ser derecho que traidor, todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor”.

Nos hablan de cambios de estructura, de costumbres (vi en un canal de televisión hace unos años, a un chef peruano como se preparaba un gato a la cacerola) de la revolución social, entre atentados y fanáticos ortodoxos, que nos dejan sin alternativas de fe y esperanzas. Ver como con unos lápices los dibujantes indefensos de la revista satírica francesa Charlie Hebdo de Paris, se defendían de los terroristas islámicos armados con fusiles Kalashnikov al grito de <Al· lahu-akbar> “Ala es el más grande”. 12 muertos y heridos solamente por dibujar.

Hay una ruptura histórica contemporánea de relevante y alarmante importancia. No sabemos manejar la transición y si alguno te atiende por teléfono, porque “los operadores están todos ocupados,” te explican el problema,  pero no te lo solucionan.

Todo esto nos lleva a establecer la prioridad de una observación permanente, buscar un marco intelectual donde se cumplan los requisitos de rigor de coherencia ante los hechos. Hay que estar permanentemente verificando. Es lo mínimo de resguardo, pues todo se transforma día a día.

Variables económicas y culturales que sirvieron de sólidos pilares en la sociedad industrial están quedando atrás rápidamente en estos últimos 40 años. Se han producido junto con la globalización cambios inesperados. El estado de bienestar de antes tuvo sus crisis y modificó ciertas variables. Estos cambios no han encontrado al estado en su mejor momento, pierde fuerza, hay intereses corporativos supranacionales, grupos de presión y factores de poder internos que lo determinan; es más las clásicas decisiones del poder público hoy están atomizadas en un mercado global, complejo y condicionado. Embarcándose en nuevas políticas sociales ante la gran cantidad de excluidos del sistema, que se juntan con la necesidad de instrumentar políticas necesarias de desempleo por la precarización del momento, pensiones, sistemas de salud con estimaciones y proyectos sobre vivienda. Hay una economía gubernamental tercerizada, que se debe seguir y controlar. Es una permanente reestructuración donde mucha gente queda afuera.

“Cuando el hechizo entra por la puerta, el sentido común sale por la ventana” (Los versos satánicos – Salman Rushdie).

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