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Brecha de género: tecnología para el empoderamiento económico de la mujer

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Por Gustavo Giacomo, economista

Según estadísticas mundiales las mujeres ganan menos que los varones en todo el planeta. En Argentina, por ejemplo, más de un tercio de las mujeres trabajadoras está fuera del empleo formal y además ganan un 40 por ciento menos que los hombres. A esta situación se le suman las tareas domésticas y de cuidado -no remuneradas- que realizan incrementando las horas de trabajo: de acuerdo a UNESCO las mujeres empleadas tienen una jornada de trabajo más larga en promedio que los hombres empleados; concretamente, las mujeres trabajan 73 minutos más que los hombres en países en desarrollo. Además, enfrentan tasas de desempleo más altas, mayores niveles de pobreza, jubilaciones mínimas, y menor poder adquisitivo.

Todas estas situaciones dan cuenta de condiciones y relaciones estructuralmente desiguales entre hombres y mujeres, lo que se denomina la “brecha de género”, que tiene distintas dimensiones e impactos, y el correlato necesario para su reversión es el empoderamiento de las mujeres. Se trata de adquirir poder para eliminar la brecha y para ello es necesario identificar y visibilizar las dificultades, los obstáculos, y las situaciones de marginalidad que atraviesan a las mujeres en distintos ámbitos. Las mujeres representan el 49,6 por ciento de la población mundial, sin embargo, tienen escasa representación en la fuerza de trabajo: constituyen menos del 40 por ciento de la fuerza de trabajo global actual, según indica la economista Mercedes D’Alessandro, en su libro “Economía Feminista”. Y de acuerdo a previsiones de la consultora Accenture, se estima que los países desarrollados no lograrán la igualdad de género en el ámbito laboral hasta 2065, y los países en desarrollo hasta 2100.

El acceso a las tecnologías digitales promete un nuevo impulso para mejorar la calidad de vida y posibilidades laborales de las mujeres. La “fluidez digital”, el modo en que las personas adoptan, usan y se apropian de las tecnologías digitales para estar más informadas y conectadas y ser más eficaces, ayuda a cerrar la brecha de género y establece un marco de igualdad para las mujeres que trabajan. Los avances tecnológicos amplían el universo de oportunidades laborales, permiten nuevas formas de relaciones con el mundo laboral y con la jornada de trabajo habitual. Sin embargo,  existe una división digital entre los individuos que sacan provecho de las tecnologías y de internet, y aquellos otros que están en desventaja.

Por ejemplo, los hombres usan la tecnología con más frecuencia que las mujeres: 76 por ciento contra un 72. Esta brecha digital está también relacionada con la del conocimiento, con las “habilidades digitales” necesarias para desenvolverse y trabajar en la sociedad actual (caracterizada por la importancia creciente de la información y el conocimiento, lo que se denomina “digital literacy”), el 52 por ciento de los hombres aduce que aprende habilidades digitales nuevas de manera continua frente al 45 por ciento de las mujeres. La relación entre las mujeres y la tecnología ha estado históricamente reducida a una imagen tecnofóbica, donde las mujeres aparentan ser contrarias al uso de las tecnologías; sin embargo, esta es una visión que responde a estereotipos de género. La identificación de estos estereotipos, su desnaturalización, sumado al incentivo y al reconocimiento de la presencia de mujeres en las tecnologías es fundamental para lograr una mejora en la autopercepción de las habilidades tecnológicas y lograr una mayor inclusión digital.

Por ejemplo, los emprendimientos tecnológicos liderados por mujeres, en términos financieros, son más eficientes: generan un retorno de inversión del 35 por ciento y un 12 por ciento más que los desarrollados por varones. Sin embargo, son ampliamente minoritarios los emprendimientos liderados por mujeres. Sin embargo, aún en estas condiciones de desigualdad, las mujeres aprovechan lo digital con mayor eficacia que los hombres, el 41 por ciento de las mujeres que trabaja usa la tecnología para trabajar desde el hogar o para acceder a nuevas oportunidades de empleo.

A pesar de los avances reales en el uso de las TIC, los prejuicios patriarcales se transfieren a los nuevos entornos de educación y trabajo y las mujeres no se beneficiarán en el mismo grado que los hombres de las vastas oportunidades ofrecidas por las nuevas tecnologías si continúan siendo una minoría en los trabajos digitalizados, en trabajos STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) o en emprendimientos tecnológicos. La falta de inclusión económica y social de las mujeres conlleva a la falta de inclusión digital y viceversa. Es por eso que los países deben  proveer un acceso a internet universal, accesible, seguro y abierto; pero también fomentar el alfabetismo digital de las mujeres; alentarlas a realizar estudios y ocupaciones tipo STEM; facilitar emprendimientos de mujeres en la web, empoderarlas financieramente y promover políticas públicas integrales que reconozcan que la inclusión digital es una necesidad, y que incluir la perspectiva de género en estas políticas también lo es. De lo contrario, perderíamos a futuro la mirada de la mujer sobre la tecnología como ha pasado con otras ramas de la ciencia en general y en la economía en particular.

Dato a tener en cuenta

Dentro del universo de los “NI-NI” (que no estudian ni trabajan) encontramos que hay una mayor proporción de mujeres y que sólo 3 por ciento de las jóvenes de clase alta/media alta son “NI-NI” versus un 32 de clase baja”. Es un número preocupante para comenzar a tener en cuenta de cara al futuro para implementar políticas públicas de inclusión social digital para que en general se logre quebrar porcentajes más altos de lo que se denomina “pobreza Estructural” y en particular, lograr emponderarlas social y económicamente.

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