Creciendo en Pilar ofreció un espacio cultural para dos colegios pilarenses

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Se trata del Colegio Mano Amiga y el Instituto Madre del Divino Pastor. La actividad propuso escribir un cuento, trabajar técnicas y mecanismos de escritura y edición de un libro realizado por los participantes.

La Fundación Creciendo en Pilar ofreció un espacio para que los alumnos del Instituto Madre del Divino Pastor y el Colegio Mano Amiga, pudieran escribir un cuento, de tema libre, además de la posibilidad de trabajar las diferentes técnicas y mecanismos de escritura en talleres, para luego finalizar en la edición de un libro compaginado con los textos de los participantes.

Según apuntaron los responsables de este proyecto, “el hecho de contar cuentos, desde la más temprana edad, influye para transformar a un niño en un adulto activo, responsable por su aprendizaje, y que sabe comprender e interactuar, de acuerdo a sus necesidades, en el contexto en el que vive. Inculcar el hábito de leer a un niño desde pequeño es vital, ya que la literatura infantil es fundamental para la adquisición de conocimientos, para la recreación y para el desarrollo emocional que aumenta la capacidad de expresar mejor sus ideas”.

“Imaginar las consecuencias fantásticas de trabajar con niños, donde se les propone liberar imaginación, desarrollar el intelecto, no competir, dejar salir en cada uno “la voz interior”, y arribar a un final todos juntos. Seguimos apostando a la educación y a la cultura en los más jóvenes, es uno de los principales objetivos de la fundación”, agregaron.

A su vez, agradecieron a las autoridades, cuerpos docentes y alumnos de ambas instituciones “por haber confiado en nuestro Taller Literario”. “Un hombre con educación y cultura es un hombre libre en todos los sentidos”, defendieron.

Finalmente, en el marco del programa “Taller literario”, el jueves 21 y 27 de noviembre se entregaron los libros a sus propios autores, que fueron 17 alumnos del Colegio Mano Amiga y 44 del Instituto Madre del Divino Pastor.

“Los niños escribieron libremente lo que quisieron y en el formato que más les agradaba, cuentos, narraciones o poesías. Se trabajó en talleres donde se les enseñaron las diferentes técnicas y mecanismos de escritura, para luego finalizar en la edición de un libro. Estos pequeños de entre 11 y 12 años ya escribieron su primer libro”, señalaron.

Además, explicaron que “la idea de la fundación es sembrar la semilla de la escritura, quizás uno o más de estos niños sea un escritor el día de mañana” y agradecieron “el trabajo de Walter Turco y Sol Turco, que llevaron adelante el programa de manera exitosa”.

Por último, expresaron su satisfacción por el resultado obtenido. “Estamos seguros que la semilla ha sido depositada en tierra muy fértil”, concluyeron.

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