Hoy está al frente de la casa funeraria más antigua de Pilar. Fue fundada por su padre en 1943 y siempre fue un negocio familiar. Beto además es recordado por su pasado político, siendo intendente entre 1973 y 1981, y posteriormente concejal de la Unión Vecinal.

La tradicional casa de sepelios de Pilar fue fundada el 7 de julio de 1943, por don Jacinto Ponce de León, quien le compra el fondo de comercio en  la calle Lorenzo López –pleno centro de Pilar-  a don Enrique Romero. Beto y sus hermanos, Pato y Yuli, prácticamente crecieron en el velatorio, ya que la familia vivió durante años en las mismas dependencias.

De niños, colaboraron con su padre en el negocio funerario, hasta que cuando don Jacinto falleció, Beto y sus hermanos se hicieron cargo de la empresa. Nuestro entrevistado de esta semana fue además bombero voluntario y llegó a la intendencia de Pilar en el año 1973 de la mano del Partido Nueva Fuerza. Fue intendente durante ocho años, incluso confirmado por el gobierno de facto en 1976. Daniel Alberto Ponce de León nació en Capilla del Señor, partido de Exaltación de la Cruz, el 24 de marzo de 1944.

“Papá había comprado la cochería un año antes, pero como todos los médicos de mi familia eran de Capilla, mi madre se trasladó allá para que yo naciera. Mi padre se llamaba Jacinto Ramón y mi mamá Ester Varela. Mi abuelo paterno falleció cuando mi padre y sus hermanos que eran siete, eran aún muy jóvenes. Se quedaron en el campo que tenía el abuelo Cirilo entre  Pavón y Los Cardales. Estuvieron un tiempo ahí hasta que distintos familiares se hicieron cargo de ellos. A uno lo llevó un padrino, al otro un vecino y así se fueron ubicando, hasta no faltó un tutor, caudillo político, don Esteban Urcelay de Capilla que se llevó a mi tío Mario que estuvo conmigo en la Municipalidad. Aunque estaban desparramados, los hermanos se visitaban asiduamente”, inició Beto su charla con Resumen.

“Cuando mi papá cumplió sus 50 años, mi mamá le organizó una fiesta sorpresa donde concurrieron todos los hermanos con sus respectivas familias. A papá lo crió ‘Toto’, un tío político de apellido Melo, cuando ya tenía 18 años, que tenía cochería en Capilla y a quien ayudó en su trabajo –rememoró-. Este tío le ayuda a comprar un auto  y le va guardando plata para que en un futuro le comprara parte de la cochería. Mi padre llega a tener dos autos, luego los vende y compra un colectivo de una línea que iba de Capilla a Pilar. Los caminos en esa época eran todos de tierra, así que cuando llovía tenía que dejar el colectivo en el galpón de la cochería de Enrique Romero en Pilar, el hijo de ese hombre tenía un taxi y la hija fue compañera mía en el secundario”.

Al momento de la muerte llega el perdón, está muy por encima de todos los conflictos”

Y continuó: “Llegó un momento en que don Enrique le ofrece a mi papá que se quede con la cochería. Mi padre le entrega el colectivo y el resto en tres cuotas cuatrimestrales sin interés. Es así que el 7 de julio de 1943 se concreta la compra de la casa de servicio fúnebre en Pilar, comenzando la actividad comercial definitiva de mi padre en este rubro. Hasta alrededor de los ’50 vivimos en la cochería en dos habitaciones que estaban en el fondo del galpón. El edificio estaba pegado donde estaba entonces  la comisaria sobre la calle Lorenzo López, a mitad de cuadra de Rivadavia. Recuerdo que el bombeador estaba en la cocina y surtía de agua a la comisaría y a todos los vecinos hasta La Alhambra. Esta cocina se la dejábamos en días lluviosos a la gente que venía del campo a despedir a sus seres queridos y en el comedor se improvisaba la sala fúnebre. Nosotros comíamos en una escalera que daba a una planta superior. Pero vivimos esta circunstancia como algo normal, ya que de chicos fuimos aprendiendo a ser solidarios con esas personas que estaban necesitando se les diera una mano en momentos  tan tristes de sus vidas. Puedo decir que tanto yo como mis hermanos, Pato –Jacinto Raúl-  que nació en el 45 y Yuli que nació en 1946, prácticamente nos criamos dentro de la cochería. Patito falleció lamentablemente en el 2008”.

¿Dónde hiciste tus estudios?

La primaria la hice en la Escuela Nº 1 y la secundaria en el Instituto Almafuerte, donde me recibí de Maestro Normal Nacional. Ejercí la docencia una época en el Instituto Almafuerte, cuando ya había iniciado mis estudios en Derecho, que no terminé. Estuve dando clases en principio de Instrucción Cívica, pero las necesidades del instituto me llevaron luego a dar también Geografía y otras materias más. También viví esa circunstancia como un acto de solidaridad. La carrera de abogacía la abandoné a los dos o tres años de haber comenzado, cuando comprendí que el Derecho no era para mí. Hablé con papá y decidí dedicarme a pleno en la cochería. En realidad, estuvimos los tres hermanos acompañando a papá en el negocio desde chicos. En un momento, Yuli que estaba dedicado más a los vehículos, emprendió un servicio de ambulancias, consolidando la empresa Emernort que le rindió los frutos que su sacrificio merecía. Cuando fallecen nuestros padres, de común acuerdo, en un juicio por sucesión muy particular, decidimos que Pato y yo nos quedáramos con el velatorio y la actividad comercial. A la vez hicimos un acuerdo con Yuli para que permaneciera con nosotros un tiempo más y se quedara luego con la casa familiar  de Lorenzo López, donde luego hizo locales comerciales.

¿Cómo nace tu afición por la política?

Había gente amiga, conocida, que estaba en el conservadorismo, que yo tenía como ejemplos de vida y de conducta. Me arrimé a ellos trabajando en la juventud .Tendría unos 16 o 17 años y recuerdo de aquella época a Pepito Blois, Luchi Esperanza, Ángel Alonso, entre otros, apoyando al Partido Conservador de la Provincia de Buenos Aires. En Pilar nuestros referentes fueron Guida, Oriol, Ferra, Lupo, Márquez, toda gente grande y muy respetada. Con estas personas me fui formando políticamente, fueron los que después me fueron llevando a mi candidatura como intendente.

Las elecciones fueron en el año 1973 y  lamentablemente mis padres no pudieron verme asumir, ya que papá falleció en julio de 1972 y mamá en enero de 1973. En esa época estábamos armando el grupo de vecinalistas, que luego sería la Unión Vecinal de Pilar, pero no llegamos a inscribirnos como partido, así que ante la disyuntiva de quedarnos afuera con todo armado, optamos por entrar con el Partido Nueva Fuerza, donde había mucha gente conservadora. Acá competimos con la Unión Cívica Radical, ya que el peronismo estuvo inhibido de participar en la contienda electoral por problemas internos del partido.

La lista radical estuvo encabezada por Coco Rodríguez. Fui a las elecciones con 28 años y asumí con 29 recién cumplidos. Realmente nos sorprendió el resultado de la elección, ya que sinceramente nosotros aspirábamos lograr a lo sumo dos bancas en el Concejo Deliberante. Yo creo que haber logrado la intendencia fue primero porque no participó el peronismo, por lo que de las dos partes del peronismo vinieron con sus votos a nosotros. El radicalismo también había tenido sus desencuentros y una parte de ellos también optó por votarnos. Así que llego a la intendencia como si hubiera sido el eje del equilibrio político de aquel momento tan especial que vivió Pilar. A tal punto que luego incorporamos a varios extrapartidarios al gobierno, como Roaldo Barbesini, trabajando en la parte de difusión. Don Pedro Bartolacci también estuvo apoyándonos cuando se adquirió en forma definitiva el edificio del Instituto Almafuerte. Yo me sentí en la obligación de que el Municipio diera todo su apoyo para que se lograra la compra del predio, primero por su carácter de establecimiento educacional sólido y además muy querido por toda la comunidad de Pilar. Se formó una comisión para reunir fondos y el Municipio le otorgó un préstamo, ya que en esa época no existían los subsidios. Ese dinero se respaldó con un cheque personal de Cholo Ingolotti. Ese gesto es muy importante porque vuelve a traer la filosofía de la solidaridad que yo fui cultivando desde muy pequeño. Esa solidaridad la vi representada en todas esas voluntades que permitieron la compra definitiva del edificio del Almafuerte.

Estuviste ocho años en el gobierno municipal, prácticamente dos gestiones.

Pasar por el Municipio fue para mí  una experiencia realmente muy buena porque me ayudó a comprender y entender el comportamiento de la sociedad”

Estuve como intendente del 73’ al ’76. Cuando viene el golpe militar, pido instrucciones y al no llegarme nada, decidimos continuar como el viento nos llevara, hasta que nos llegara alguna directiva desde Provincia o se nos indicara qué debíamos hacer. Al final llegó un telegrama de confirmación en mi  función como intendente. De todas maneras nunca estuve de acuerdo con el gobierno de facto, ya que entre otras cosas no contribuyó a construir la salida política que el país necesitaba. Hacia finales de 1980, ya con un clima político, social y económico muy complicado en el país y la Provincia yo envío mi primera renuncia al cargo que no me contestan; hasta que asistí ante el Ministro de Gobierno quien me hace llamar por el general Rivero que era el Jefe de Área en la escuela Sargento Cabral de Campo de Mayo del cual dependíamos y que me dice que finalmente me van a aceptar la renuncia, el 25 de mayo de 1981 para que concluyera mi ciclo de ocho años al frente de la intendencia.

Pasar por el Municipio fue para mí  una experiencia realmente muy buena porque me ayudó a comprender y entender el comportamiento de la sociedad, del ser humano, del político; sus actitudes; también la falta de solidaridad y respeto hacia los demás en algunos sectores. Estas son experiencias que van dejando siempre algo productivo y al mismo tiempo lastimoso, ya que uno se pregunta si tanto cuesta comprender que los seres humanos debemos entendernos.

Aceptada mi renuncia, se designa como comisionado a Ricardo López Herrero, con el que tuve una muy buena relación, lo que nos permitió organizar una excelente transición. Ya se hablaba entonces de una inminente convocatoria a elecciones por lo que se estaba rearmando la Unión Vecinal con otra gente, a la que dejé que siguiera ya que pienso que el vecinalismo debe tener su independencia de los partidos nacionales y aun de los provinciales. El vecinalismo debe atender los problemas locales, los de la ‘casa’. Debe cimentarse esa base de formación que no es otra cosa que los que debemos también fomentar en nuestra familia. Cuando se tiene el mismo color en lo local, lo provincial y lo nacional, el día que se fracasa, fracasa todo el sistema, No hay nadie que vaya a apagar el fuego con agua, al contrario van todos con nafta.

Realmente nos sorprendió el resultado de la elección, ya que sinceramente nosotros aspirábamos lograr a lo sumo dos bancas en el Concejo Deliberante”

Durante ese fárrago político acontece la dramática Matanza de Fátima en Pilar.

Ese triste hecho ni siquiera fue un problema generado en Pilar, fue fortuito que esta desgracia nos haya tocado acá y ningún pilarense tuvo que ver en el tema. Ese día yo estaba en Rosario visitando a un tío. Me llama mi hermano Yuli contándome lo que había ocurrido. Gracias a Dios por nuestra profesión, sabíamos cómo se debe proceder en estos casos, entonces le pedí a mi hermano que se ocupara específicamente y con todo rigor de que se hicieran 33 sepulturas en el cementerio de Derqui y se identificaran las fichas dactiloscópicas de cada uno, con sus respectivos números  de ataúd y de sepultura. Creo que fue para mí humanamente una tranquilidad, ya que creo que no en todos los lugares se procedió de esa manera: se depositaron muchos cadáveres en fosas comunes, cosa que no ocurrió acá y permitió años después que los equipos forenses pudieran identificar a las personas asesinadas. El hombre puede tener en la sociedad cualquier conflicto, dificultad, enfrenamiento o choque, pero al momento de la muerte yo digo como creyente, que llega el perdón, porque la muerte está muy por encima de todos los conflictos que la vida nos presenta y debemos en estas circunstancias tan especiales ser bondadosos con el otro.

Cómo conoces a quien es tu esposa y cuándo te casas.

Con Irma Brocchiero nos conocimos haciendo teatro muy jóvenes con Titi Villar en un lugar  que había conseguido en Tucumán y 11 de Septiembre. Pasó un tiempo y después volvimos a encontrarnos en lo de Ana Cenobio, la mamá de Carlitos. Más tarde volvimos a vernos en casa de un amigo en común y a partir de ahí empezamos a salir, a compartir cosas  juntos, hasta que después de un largo noviazgo decidimos casarnos el 11 de junio de 1979, aun siendo yo intendente. Después vinieron los hijos, Rodrigo y Matías, quienes están trabajando conmigo en la cochería, es decir llegamos con ellos a la tercera generación al frente del negocio. Tengo dos nietos, Facundo y Tomas, hijos de Rodrigo.

¿Se viene con alguno de ellos la cuarta generación en Casa Ponce de León?

Cuando se tiene el mismo color político en lo local, lo provincial y lo nacional, el día que se fracasa, fracasa todo el sistema”

Es difícil predecirlo. Las cocherías en general  han llegado hasta la tercera generación, por ejemplo la cochería de Fava en Tigre. Veo de todas maneras un buen futuro para la casa de sepelios, ya que mis hijos han seguido la trayectoria de sus ancestros y han mantenido la misma conducta de su padre, sus tíos y abuelos, Somos gente confiable y en ese aspecto tienen una muy buena conducta. Ahora la hija de Zulema, esposa de Pato, también está viniendo a la cochería. La responsabilidad de este trabajo no es solo de uno, debemos compartir las responsabilidades de un trabajo muy especial. El ser confiable en una sociedad como la nuestra es contar con fuerte e importante respaldo para seguir vigentes en el mercado y cumplir con nuestro lema: “el mejor acompañamiento, en momentos difíciles”.

Oscar Orlando Mascareño

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