Opinión

Banca ética: instrumento para financiar proyectos con impacto social

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Por Gustavo Giacomo, economista

Cuando hablamos de banca ética o bancos éticos, la primera reacción suele ser de incredulidad. En el mejor de los casos te responden con una cara de asombro. ¿“Eso” existe? ¿Es posible? Vamos a ver que sí y cada vez con mejores perspectivas. Lo que ocurre es que, desgraciadamente, la economía y sus finanzas parecen haber tomado un camino cada vez más lejos de la ética. La consecuencia la tenemos sobre nosotros: la situación económica actual que, como muchos autores defienden, es antes una crisis de valores que económica. La brecha entre ética y economía es algo relativamente reciente. De hecho, en sus inicios, el modelo capitalista fue construido sobre la condición necesaria de la ética de las personas. Fue el propio Adam Smith, en su “Teoría general de los sentimientos morales”, el que defendió que el interés propio debía estar orientado por virtudes como la humanidad, la justicia, la simpatía y la generosidad. No son muchos los que lo recuerdan, y menos aun los que lo ponen en práctica.

Centrándonos en la posible ética de la banca, no podemos dejar de lado que la banca, como intermediación financiera, no deja de ser una herramienta al servicio de la sociedad, un “te confío mi dinero para que lo puedas prestar”. Así el dinero fluye y puede financiar proyectos que creen empleo y riqueza. El dinero sólo es un instrumento, un medio que debería estar al servicio de las personas. El problema es que ha dejado de ser un medio, para convertirse en un fin en sí mismo. Todos lo hemos puesto en el centro. Más que nadie la banca, que se ha convertido en el negocio de la especulación y la codicia.

Los ídolos del siglo XXI son la ganancia y el consumo. Todos hemos llegado a entender como algo natural que nuestro dinero debe generarnos más dinero, que nuestros ahorros tienen que recibir el máximo interés del mercado. Y si pedíamos un préstamo (cuando los daban) exigíamos el mínimo interés. Para muchos de nosotros, el criterio de decisión sólo era el precio, y no si era un banco comprometido con nuestra zona, o si creaba puestos de trabajo. Por no decir que pocos son los que se interesaban por dónde se invertía su dinero. No interesaba saber si nuestro dinero servía para especular con el precio de los alimentos, para financiar alguna organización oscura, o quizá el negocio de las armas. A la mayoría nos daba lo mismo (hasta ahora), con tal de que nos dieran nuestros intereses al final del mes. No queríamos saber nada. Y probablemente hubiéramos seguido sin saberlo, ni se nos hubiera ocurrido preguntar.

Ante esa realidad, la banca ética se planteó hace ya algunos años que otro mundo era posible y que estaba en nuestras manos conseguirlo, si tomábamos consciencia de la realidad, y decidíamos hacernos responsables de todos nuestros actos de consumo, incluyendo los relacionados con la intermediación financiera. Porque la banca ética forma parte de un movimiento más amplio, que defiende un consumo responsable, humano y humanizante, y empeñado en preservar el planeta para las futuras generaciones.

Como parte de este movimiento, la banca ética se dirige a ahorradores a los que les importe dónde se invierte su dinero, más que cuánto interés les genera, con la promesa de financiar únicamente proyectos de economía real, con impacto social, medioambiental o cultural. Sin olvidar que la característica esencial de estos bancos es la transparencia radical, con información disponible sobre los proyectos en los que invierten y sobre toda su actividad. Son bancos con gobierno inclusivo, comprometidos con su entorno y con la construcción de un mundo más humano, donde todos podemos sentirnos protagonistas y también responsables.

Para muchos está siendo fuente de inspiración, de esperanza y de entusiasmo, pilares en los que se asienta el modelo actual de emprendimiento social, para seguir apostando por la tarea de lograr un mundo más habitable para todos. Por ello, pensamos que merece la pena profundizar en la actividad de estas entidades, como ejemplo de organizaciones y personas que soñamos y trabajamos por un mundo mejor. Otro mundo es posible y está en nuestra mano conseguirlo.

Pilares en que se sostiene la banca ética

La banca ética se sostiene en tres pilares fundamentales: primero, definir en qué tipo de empresas invierte, en cuales no y por qué. El segundo, la transparencia, explicar a los depositantes qué se hace con su dinero hasta el último centavo y, por último, que la diferencia salarial entre directivos y empleados no sea tan grande.

También este modelo cuestiona al desvío de dinero para dejar de financiar a la economía real y enfocarse en productos especulativos y al auge de créditos al consumo por sobre los productivos Ya que los bancos, están sobreendeudando a las familias con préstamos a corto plazo a tasas usurarias que no van a poder pagar. En este caso, la banca ética, fomentaría el crédito con creación de valor para no ahogar financieramente a las personas.

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