Por Elsa Robin

El 30 de abril ha sido convocada una huelga general. Esta convocatoria adquiere enorme significación por distintos motivos. En primer lugar se lleva a cabo en la víspera de una fecha emblemática en la historia de la Humanidad en los últimos tiempos. Me refiero a la conmemoración de la huelga del 1° de mayo de 1886  acaecida en Chicago, Estados Unidos. Las reivindicaciones entonces eran entre otras cosas por las 8 horas de trabajo. Hoy, también el tema es el trabajo, en condiciones dignas, con una remuneración justa. El trabajo aparece así como uno de los derechos humanos fundamentales, derecho que debe ser protegido y asegurado por todo gobierno democrático.

El gobierno actual ha llevado al país a una crisis tan grave que supone la vulneración de una parte importante de nuestros derechos, en particular y de manera dramática el derecho de cada habitante a poder desarrollar un trabajo digno y una remuneración justa. Lo que estoy diciendo no es ninguna novedad para el lector, pues es el tema inevitable de toda conversación. Este gobierno llegó al poder a través de mecanismos democráticos, lo cual le otorga indiscutible legitimidad, pero eso no le ha otorgado una carta blanca. Entiendo que una publicidad falaz le permitió captar el voto de una mayoría esperanzada. Los hechos: inflación irrefrenable, recesión, desempleo, destrucción del aparato productivo, crecimiento exponencial de la pobreza, todo eso unido a una sordera sorprendente, a una torpe obcecación en las medidas más negativas e impopulares, en fin la lista de calamidades no termina acá.

La ciudadanía esperó con prudencia una rectificación del rumbo, pero nada. Ahora maneja nuestra economía el FMI y el capital especulativo internacional, nuestro país parece un barco al garete, conducido por improvisados pilotos. Basta recorrer el lugar en que vivimos, mirar el rostro de los que nos rodean, ver las veredas de la orgullosa Buenos Aires poblada por infinidad de sin techo, descubrir el deterioro de la escuela pública, de los hospitales, ver las persianas cerradas de los comercios, descubrir el abandono y silencio de las fábricas para entender que hemos caído en una trampa perversa. Afortunadamente dentro de pocos meses tendremos la posibilidad de  utilizar el voto como la herramienta virtuosa para desalojar a quienes hoy detentan el poder. Pero mientras tanto qué, nos parece absolutamente necesario que el poder legislativo, deje de lado su inercia y se comprometa para intentar evitar que el deterioro no aumente y se tomen algunas medidas que la grave situación amerita. Espero que cesen las deplorables rencillas por candidaturas y sepan construir la necesaria unidad para enfrentar las próximas elecciones. No hay tiempo para narcisismos ni mezquindades. El pueblo ha estado en permanente movilización, pero  determinados medios de comunicación han buscado que eso no se sepa, que quede opacado.

El pueblo en la calle ha pagado sus reclamos con numerosas víctimas en la historia de la Humanidad. Lo ocurrido en Chicago, Estados Unidos, en 1886 se convirtió en un acontecimiento emblemático, un acontecimiento recordado en todo el mundo desde 1889 cuando se lo designó Día Internacional de reivindicación de los derechos de los trabajadores en homenaje a los “Mártires de Chicago”.

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