Después de casi una década

Nano se queda en Argentina: Fin de una disputa judicial que marcó una infancia

Un acuerdo firmado en el Juzgado de Familia Nº 1 de Pilar puso punto final al proceso de restitución internacional que durante nueve años condicionó la vida de Nano y de su madre. El entendimiento reconoce la voluntad del niño de permanecer en la Argentina y abre una nueva etapa para ambas familias.

Lo que durante años fue incertidumbre, desgaste y espera encontró finalmente un cierre. En el Juzgado de Familia Nº 1 de Pilar se firmó un acuerdo entre los progenitores de Nano que dio por terminado el extenso proceso de restitución internacional iniciado cuando el niño aún no había alcanzado la edad escolar. La resolución no sólo desactiva un conflicto judicial de larga data, sino que habilita un escenario completamente distinto para su vida cotidiana y su proyección a futuro.

El entendimiento alcanzado reconoce de manera expresa la decisión del niño de continuar viviendo en la Argentina junto a su madre. Esa voluntad había sido manifestada de forma reiterada a lo largo de los años ante distintos ámbitos judiciales y profesionales intervinientes, y volvió a quedar ratificada en instancias presenciales mantenidas durante 2024. A partir de este acuerdo, se garantiza la libre circulación del menor, una limitación que hasta ahora condicionaba aspectos centrales de su vida personal, educativa y familiar.

El proceso que concluyó esta semana tuvo su origen en una compleja historia familiar que comenzó fuera del país. En 2010, ambos padres, argentinos, se trasladaron a España con la intención de desarrollarse profesionalmente y establecerse en Madrid. Tres años más tarde nació Nano, en un contexto de pareja ya deteriorado. Tras la separación, su madre permaneció en España a cargo del niño hasta que, luego de varios años, decidió regresar a la Argentina.

En 2017 se produjo el primer pedido de restitución internacional, iniciado en tribunales españoles. A partir de allí, la situación judicial se volvió especialmente inestable, con traslados, resoluciones contrapuestas y nuevas presentaciones en ambos países. En 2018, la Justicia de Madrid otorgó la custodia a la madre y autorizó el regreso definitivo a la Argentina, donde Nano se radicó en Pilar, se escolarizó y consolidó su centro de vida.

Sin embargo, en 2019 el conflicto volvió a activarse con una nueva apelación y un pedido de restitución presentado en la Argentina. Desde entonces, el expediente atravesó resoluciones de distintos tribunales, dictámenes técnicos y decisiones de alto impacto institucional. En septiembre de 2024, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ordenó la restitución del niño a España, aunque dejó en manos del juzgado interviniente la forma y el modo de ejecución, priorizando alternativas que resultaran menos perjudiciales para el menor.

Ese marco fue el que permitió, ya con un nuevo magistrado a cargo del Juzgado de Familia Nº 1 de Pilar, avanzar hacia una salida consensuada. La llegada del juez Nicolás Horacio Strobino resultó determinante para facilitar el diálogo entre las partes y encauzar el conflicto hacia una solución que contemplara el interés superior del niño. El acuerdo alcanzado establece, además, un régimen de viajes periódicos para que Nano mantenga el vínculo con su padre y la familia que éste conformó en España.

El cierre del proceso de restitución no implica, sin embargo, el final de todas las instancias judiciales vinculadas al caso. La madre del niño continuará con una demanda contra el Estado argentino por los daños derivados del extenso litigio. Esa presentación ya superó una etapa clave: en mayo de 2025, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos admitió formalmente la denuncia, un paso de relevancia jurídica poco frecuente, dado el bajo porcentaje de causas que logran avanzar en ese ámbito.

La Comisión ya dio traslado al Estado argentino para que responda a los planteos formulados, en un proceso que ahora se desarrolla en el plano internacional. Mientras tanto, el acuerdo firmado en Pilar marca un antes y un después en la vida de Nano. Tras nueve años de decisiones judiciales, apelaciones y resoluciones cruzadas, el conflicto que condicionó su infancia quedó atrás y dio lugar a una etapa signada por mayor estabilidad, previsibilidad y la posibilidad de planificar el futuro lejos de los tribunales.

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