El Jardín 901 celebra 60 años de historia y comunidad
La institución recuerda sus inicios como el primer jardín del distrito y destaca su crecimiento sostenido, el compromiso docente y el fuerte vínculo con las familias que lo convirtieron en un espacio clave de la educación inicial en Pilar.
El Jardín de Infantes Nº 901, Alfonsina Storni, cumple 60 años desde su inauguración, una fecha que invita a mirar hacia atrás para reconstruir sus orígenes y valorar el recorrido de una institución que se transformó en un pilar de la educación inicial en Pilar.
Tal como consignaba Resumen en su edición de abril de 1966, el acto contó con la presencia de autoridades provinciales y locales, encabezadas por el gobernador Anselmo Marini y el intendente Andrés M. López, junto a funcionarios, docentes y vecinos. Tras una recorrida que unió el Comedor Escolar con el flamante edificio, la comunidad se congregó frente al jardín -ubicado sobre Pedro Lagrave- para dar inicio formal a sus actividades, en medio de aplausos y con el izamiento del pabellón nacional.
El gobernador Anselmo Marini junto a la directora Noemí Lavallén de López.
En aquel entonces, el establecimiento marcaba un hito: era el primero en su tipo en el distrito. Bajo la dirección de Noemí Lavallén de López, su fundadora, el jardín comenzaba a escribir una historia que con el tiempo crecería tanto en infraestructura como en matrícula. Aquella jornada inaugural no solo simbolizó la apertura de un edificio, sino también el inicio de un proyecto educativo que acompañaría a generaciones de niños y familias.
A seis décadas de aquel momento, una de sus protagonistas, la exdirectora Alicia Martínez (foto), repasó su vínculo con la institución, que atravesó prácticamente toda su vida profesional. Ingresó en 1968 como maestra suplente y, pocos años después, se convirtió en la primera docente titular del jardín. Luego ocuparía los cargos de vicedirectora, inspectora durante un breve período y, finalmente, directora durante 25 años. "Toda mi vida estuvo ahí", sintetizó.
Su testimonio permite dimensionar el crecimiento del establecimiento. En sus comienzos, el jardín funcionaba únicamente en turno tarde, con apenas tres secciones. Con el paso del tiempo, la matrícula se expandió y fue necesario reorganizar su funcionamiento hasta alcanzar doble turno y diez salas. "Era una cajita, pero tenía mucho espacio. Eso permitió ampliar, construir nuevas aulas y adaptarse a lo que iba necesitando la comunidad", recordó.
Las transformaciones también se reflejaron en la infraestructura. Se construyeron nuevas salas, se mejoraron sanitarios, se renovaron pisos, techos y luminarias, y se incorporaron sistemas de calefacción más seguros, dejando atrás las antiguas garrafas y pantallas. A esto se sumó la constante inversión en material didáctico, juegos y equipamiento escolar, en gran parte impulsada por la cooperadora y acompañada por aportes estatales.
En los últimos años, el jardín también avanzó en la incorporación de herramientas tecnológicas y mejoras en los espacios recreativos, con renovación de patios y juegos. Sin embargo, conserva elementos que forman parte de su identidad histórica, como el piano adquirido hace décadas, un rasgo distintivo que lo convierte en una institución singular dentro del nivel inicial.
Más allá de los cambios materiales, Martínez destacó el valor del trabajo colectivo que sostuvo al jardín a lo largo del tiempo. "Siempre hubo mucho compromiso de docentes, auxiliares y cooperadores. Eso fue clave para que el jardín creciera y se mantuviera", señaló, al tiempo que remarcó el acompañamiento de las familias como otro de los pilares fundamentales.
Los recuerdos que guarda son numerosos y atraviesan distintas generaciones: actos escolares, proyectos educativos, desfiles, obras de teatro, visitas a espacios culturales y propuestas que involucraron a toda la comunidad. Cada una de estas experiencias, asegura, refleja el espíritu de una institución que supo adaptarse a los cambios sin perder su esencia.
Hoy, al pasar frente al edificio, la emoción sigue intacta. "Me da nostalgia verlo, porque es parte de mi vida. Ahí está mi juventud, mi madurez, todo", expresó. Esa conexión personal con el jardín se replica en muchas de las familias que, generación tras generación, continúan eligiéndolo como espacio de formación para sus hijos.
En el marco de este 60° aniversario, el mensaje hacia el presente y el futuro es claro: sostener y cuidar lo construido. "Es un tesoro lo que hay ahí adentro. Hay material, hay historia, hay trabajo. Eso lo tiene que cuidar la gente que está todos los días en el jardín", afirmó.
A seis décadas de su nacimiento, el Jardín 901 no solo celebra su historia, sino también la continuidad de un proyecto educativo que sigue creciendo, adaptándose a los tiempos y dejando huella en la comunidad de Pilar.