El equipo de Acuasport completó la Travesía de la Triple Frontera
La escuadra local estuvo representada por 13 nadadores, quienes completaron por debajo de las 3 horas los 10K entre Argentina, Brasil y Uruguay. "Entendimos que cuando se nada acompañado, lo imposible se vuelve alcanzable", resumió Lisando Dolera.
El agua no siempre se cruza: a veces se escucha, se respeta y se aprende a avanzar con ella.
El pasado fin de semana, el equipo de natación de Acuasport viajó hasta la ciudad correntina de Monte Caseros, donde disfrutó de una experiencia que los marcó para siempre: la 13° travesía, todo un clásico del río Uruguay.
Se trata de una travesía de 10 kilómetros, uniendo Argentina, Brasil y Uruguay, que transformó a la triple frontera como la más austral del mundo. De esta forma, estos países quedaron enlazados por una misma línea invisible: la de cada brazada.
La delegación de Acuasport, integrada por 13 nadadores, llegó el pasado viernes a Corrientes, donde intervino en una charla técnica. Ya en sábado, los deportistas se trasladaron a Puerto Rufino, un lugar hermoso ubicado a orillas del río, y desde allí la delegación fue trasladada en lanchas hasta el lugar de salida, ubicado justo donde desemboca el río Miriñay.
El equipo de Acuasport estuvo integrado por Melina Liñan, Patricio Wallace, Silvana Alderete, Milagros Lagomarsino, Lisandro Dolera, Gabriel Reynoso, Mariano Procacci, Eugenia Bennardis, Carla Servetti, Pablo Maveroff, Luis Gonzalez, Virginia Borche y Ana Molina.
A las 8.45 comenzó la travesía rumbo a la isla brasilera, en un viaje que se extendió por 1,5 kilómetros. Desde allí, los nadadores rumbearon hacia la isla uruguaya (1,5 kilómetros más), llegando ahí a la zona de hidratación. El tramo final fue de 7 kilómetros hasta el Club Regatas Casereño.
"No fue solo una distancia, fue la primera vez que muchos de nosotros nadamos tantos metros seguidos, la primera vez enfrentando el cansancio, la incertidumbre y la pregunta silenciosa de si íbamos a poder", confió Lisandro Dolera uno de los integrantes y además entrenador de la escuadra.
Todo se dio con el condimento especial del viento, que colaboró para que el nado fuera bastante más difícil de lo programado. Todos los nadadores pilarenses acabaron por debajo de las 3 horas.
"El río no fue fácil. Exigió respeto, paciencia y entrega. Hubo momentos de duda, cuerpos cansados, mentes que pedían parar. Pero también hubo algo más fuerte: el acompañamiento, la confianza en el grupo y la decisión de seguir, cada uno a su ritmo, sin competencia, con el mismo objetivo", indicó Dolera, blanqueando las sensaciones generalizadas entre todos los integrantes del equipo.
"Todos llegamos. Cada uno con su propia batalla interna ganada. Y en ese final, entendimos que no se trataba solo de completar una travesía, sino de lo que el agua nos enseñó en el camino: a soltar el control, a adaptarnos, a fluir sin perder el rumbo. Pero sobre todo, unimos voluntades, miedos superados y la certeza de que cuando se nada acompañado, lo imposible se vuelve alcanzable", completó.