Cúales son las causas del cierre de Whirlpool y el dispido de 220 trabajadores

La multinacional decidió finalizar la producción de lavarropas en su fábrica de Fátima, inaugurada hace apenas tres años. Altos costos locales, caída del consumo y un fuerte incremento de importaciones explican el final de un proyecto que prometía convertirse en polo exportador.

La decisión de Whirlpool de cerrar su planta de lavarropas en el Parque Industrial de Fátima generó un cimbronazo en Pilar. La fábrica, que había sido inaugurada en octubre de 2022 con la promesa de producir 300 mil unidades anuales y exportar la mayor parte de ellas, dejará de operar apenas tres años después. El anuncio impacta de lleno en los 220 trabajadores que desarrollaban tareas en el establecimiento y que ahora enfrentan un proceso de desvinculación negociado con la Unión Obrera Metalúrgica.

Aunque la noticia sorprendió por su velocidad, Ezequiel Fanizza, delegado de la UOM, comentó a Resumen que la compañía venía produciendo alrededor de 400 o 500 lavarropas por día. Además, afirmó que la empresa les comunicó que les resultaba más conveniente importar que fabricar en Argentina debido a las políticas llevadas a cabo por Milei. Es decir, desde la empresa afirman que el negocio se volvió cada vez menos competitivo frente a un escenario de costos locales elevados, una carga impositiva que encarecía la operación y un mercado interno en retroceso. A esto se sumó la apertura comercial, que habilitó una mayor presencia de productos importados a precios más bajos, reduciendo aún más las posibilidades de sostener la producción nacional.

Desde la empresa señalaron que el esquema pensado inicialmente no logró consolidarse en un contexto de consumo debilitado y de una creciente entrada de lavarropas provenientes del exterior. En octubre, por ejemplo, los precios de venta de estos electrodomésticos fueron sensiblemente más bajos que un año atrás, mientras aumentaban las importaciones, lo que debilitó aún más a los fabricantes locales.

El cierre en Pilar no es un hecho aislado en la historia de la compañía en la Argentina. Ya en 2003 Whirlpool había tomado una decisión similar al discontinuar su producción en San Luis para concentrarse en la importación. Ahora, nuevamente, la filial brasileña que lidera la operación definió abandonar la fabricación local y enfocarse en un perfil estrictamente comercial.

La situación afecta no sólo a Whirlpool. Otras empresas del sector atraviesan dificultades por la misma combinación de factores: caída de la demanda interna, pérdida de competitividad para exportar y un incremento drástico de las importaciones. En distintas plantas del país hubo suspensiones, despidos y reestructuraciones. En Córdoba, por ejemplo, Mabe cerró una de sus fábricas y concentró operaciones en otra localidad; en Rosario, Electrolux dispuso la suspensión de 400 empleados por la baja en los volúmenes de producción.

Para los especialistas, estos movimientos responden a un problema estructural: producir en la Argentina resulta significativamente más costoso que importar. Esta diferencia, sumada al avance de productos asiáticos más económicos y a la desaceleración del consumo, golpea de manera directa a las plantas locales. En el caso de Whirlpool, el resultado fue el cierre de su proyecto industrial en Pilar, que había sido presentado como un modelo de innovación y eficiencia, pero que no logró sostenerse en un escenario cada vez más adverso.

Esta nota habla de: