A dos años del crimen en La Delfina, la asesina cumple prisión perpetua
Rosalía Paniagua, la empleada doméstica que confesó haber estrangulado al ingeniero Roberto Wolfenson, tiene condena firme por homicidio agravado en concurso con robo. El caso conmocionó a la comunidad y quedó marcado por el giro que dieron las pericias de ADN y su declaración en el juicio.
En el segundo aniversario del crimen del ingeniero Roberto Wolfenson, el caso que conmocionó al country La Delfina de Pilar sigue teniendo repercusiones. Rosalía Paniagua, la empleada doméstica que confesó haberlo asesinado, continúa detenida con condena firme a prisión perpetua por homicidio agravado en concurso con robo.
El hecho ocurrió el 22 de febrero de 2024 en el interior del barrio cerrado, donde Wolfenson fue hallado muerto dentro de su vivienda. La ausencia de signos de ingreso forzado orientó rápidamente la investigación hacia su entorno más cercano. El caso generó un fuerte impacto social, tanto por tratarse de un country como por las características del ataque.
La causa dio un giro determinante en junio de 2025, cuando las pericias confirmaron que debajo de las uñas de la víctima había ADN de Paniagua. Ese elemento fue clave para la fiscalía, que sostuvo desde un primer momento que había existido un forcejeo previo al estrangulamiento.
Además, se constató que el celular del empresario no estaba en la escena. En función de ello, la acusación encuadró el hecho como homicidio criminis causa, es decir, cometido para consumar u ocultar otro delito, en este caso el robo del teléfono.
El juicio oral se desarrolló ante el Tribunal Oral en lo Criminal N°4 de San Isidro, donde Paniagua admitió su responsabilidad. Allí reconoció que utilizó el cordón de un collar que llevaba puesto -con el nombre de su hijo, confeccionado por el menor cuando tenía 12 años- para asfixiar a Wolfenson tras una discusión que, según su versión, se descontroló.
"Me siento avergonzada. Voy a decir la verdad. Me voy a hacer cargo de lo que hice por mis hijos; ya no viene al caso seguir mintiendo", declaró ante los jueces y en presencia de los hijos de la víctima, Esteban y Laura.
Durante su testimonio, relató que la entonces pareja de Wolfenson, Graciela Orlandi, le habría pedido que le sacara el celular al ingeniero para revisar su contenido. "Quiero saber en qué anda mi marido", afirmó que le dijo. Según su versión, al intentar tomar el teléfono fue descubierta y comenzó una violenta pelea.
"El señor me descubrió agarrando el celular y empezó la discusión. Me empezó a decir cosas malas, que era una desgraciada, que iba a llamar a la policía. Me agarró de los pelos", sostuvo. La acusada describió golpes, forcejeos y un enfrentamiento físico que terminó con el estrangulamiento. "Se me nubló todo. Le apreté el cuello con las manos. Presioné con el codo. Tenía un hilo en la mano. No quería hacerle daño", afirmó.
Tras el ataque, salió del country con el celular de la víctima. Declaró que el personal de seguridad no la revisó al retirarse y que se deshizo del cordón en la vía pública. Respecto al teléfono, indicó que arrojó el chip en la estación Derqui del ferrocarril San Martín e intentó vender el aparato sin éxito. Días después, por insistencia de su esposo, lo destruyó con un martillo.
Su pareja, Miguel Ángel Villasboa, según se ventiló en el juicio, desconocía el homicidio y creía que sólo se trataba de un robo. La mujer aseguró que nunca tuvo intención de matar. "Mi intención no fue robar ni matar al señor. Se me fue de las manos. Me hago cargo. Por mi culpa están sufriendo mis hijos", expresó en sus últimas palabras.
Sin embargo, el tribunal no consideró que existieran atenuantes suficientes. En noviembre de 2025 la condenó a prisión perpetua por homicidio agravado en concurso con robo. El fallo fue confirmado y quedó firme, por lo que Paniagua permanece alojada en una unidad del Servicio Penitenciario.
A casi dos años del crimen, el asesinato de Roberto Wolfenson sigue siendo uno de los casos más resonantes ocurridos en Pilar en los últimos tiempos, tanto por el escenario en el que se produjo como por el dramático testimonio que marcó el cierre judicial de la causa.